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martes, 17 de junio de 2014

La lucha

Llega el verano pero todo sigue tan oscuro como siempre. Sonrío más, sí, pero también miento más. A veces, incluso acabo creyéndome mis propias mentiras y me olvido un poco del mundo. De mi mundo.

He conocido nueva gente, y ya la quiero. Y aun sabiendo que acabarán dañándome, la sigo queriendo. Quizás aún más por esa misma razón. Me gusta conocer a la gente, pero cuando acaban conociéndome a mí de verdad, algo ocurre. Algo falla. No estoy hecha para la gente. Quizás ni siquiera lo esté para mi misma. Porque no me quiero, no me gustan mis costumbres, ni mi comportamiento, ni mi ser, ni nada que tenga que ver conmigo. A veces siento que soy un licántropo que no necesita transformarse para perder el control y llorar a la luna llena.

Ni siquiera tengo fuerzas para derramar una sola lágrima a la Luna, tan solo la admiro con tristeza, sintiéndome así un poco más feliz. Es lo único que merece la pena observar con un poco de cariño y mucho dolor. Con infinita admiración. Con ganas de que nunca desaparezca, de poder verla cada noche, de quererla.

"Le asomaba el dolor por la garganta y se lo tragó despacio."

Me encanta esa frase. Siempre me ha gustado añadirle unas palabras más:

"Pero no pudo tragarlo del todo, porque antes de lograrlo se ahogó."

Creo que por eso el dolor me hace sentir viva, porque así temo menos la muerte; ya que no puede ser mucho peor que mi día a día. Y no digo que sufra. Es más, adoro malévolamente mi desdicha, pues me hace luchar cada día contra ella y me da razones por las que seguir con vida.

Vivo luchando contra mi propia vida.

Y es lo único que realmente me encanta.

A.F.

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